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Yo ya no podía beber mas pero el ambiente y la presión me hacían querer seguir. Me gustó y me dejé, me besó apasionadamente, como si toda la vida hubiera querido hacerlo. Metió su mano bajo mi vestido y me penetró con sus dedos largos hasta el fondo. Casi podía sentir sus dedos en mi vientre, me embistió y me sacudía con el movimiento feroz, yo gemía y a nadie le importaba si nos escuchaban. En poco tiempo me vine en sus dedos, ella sonrió, se lavó las manos y salió del baño.

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Yo sonreí y salí como si nada a seguir el juego, no estaba pensando, no había remordimiento, claro, mi cerebro estaba puesto en modo goce, la culpa vendría al otro día. En uno de los retos del juego me propusieron bailarle a las dos chavas que eran pareja, Ruth y Melissa, dos chavas que debo confesar son hermosas, una es morena clara, cabello negro mediano, delgada, pechos medianos y una cara coqueta, entre tierna y sensual. Su novia Melissa es de estatura pequeña, labios gruesos y ojos alucinantes, su cabello es rizado y largo y tiene pechos prominentes.

El alcohol se había acabado y me ofrecí a ir a la cocina por mas, cuando lo estaba buscando llegaron Ruth y Melissa. Ruth acariciaba mis pechos mientras Melissa bajaba mi tanga, Ruth me susurraba que le encantaba mi piel suave y blanca, que mis labios se miraban exquisitos y que mi cabello largo y negro le parecía muy sexy. Me desabrochó el vestido y lo dejó caer, quedé desnuda ante aquellas chicas, Melissa se paró, besó a su novia y le dijo: Melissa acariciaba mis pechos y apretaba mis duros pezones, Ruth levantó mi pierna y la puso sobre su hombro, comenzó a soplar en mi clítoris, me encantó, quería sentir su lengua de ya, me hizo sufrir unos segundos y luego metió su lengua entre mis labios buscando mi clítoris, lo encontró y comenzó a lamer, luego a succionar y besar.

Todo mi cuerpo estaba lleno de escalofríos y excitado, terminé en su boca escurrida y con los dedos de su novia en mi ano abierto y dispuesto. Se levantó y me besó, me miró a los ojos y me dijo: Pero esto no acaba ahí, cuando nos fuimos a dormir Karla quedó tras de mí y me abrazó, me estaba durmiendo cuando sentí caricias en mi trasero. Supe que era ella pero no dije nada, se acercó a mi oreja y me la lamió, luego pasó sus manos sobre mi abdomen y subió a mis pechos.

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Esa noche fui cenada por todas mis amigas, como si fuera un dulce manjar, algo prohibido que habían deseado, un objeto sexual. Sus miradas conectaron. Amelia posó su mano en la mejilla de Carla y la acarició, bajando despacio por su cuello. Amy masajeó su seno por encima de la camisa, hasta que notó cómo su pezón se endurecía.

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Podía sentirlo a través de la tela. Hizo lo mismo con el otro, solo para cerciorarse de que el cuerpo de su novia definitivamente reaccionaba a ella y no habían sido imaginaciones suyas. La escuchó jadear y pronto su otro pezón también se irguió erecto. El césped cimbreaba leve cuando las manos de Carla la rodearon, Amelia se detuvo y se apartó ligeramente, como si acabara de recuperar la consciencia.

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Sé que dijimos que iríamos despacio, pero me cuesta mucho controlarme. Te deseo tanto….


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Amelia retomó ese rítmico movimiento de caderas y se sorprendió al ver cómo su chica abría las piernas dejando que se acomodara mejor entre ellas. Sus manos comenzaron a desabrochar los botones de la camisa de Carla de forma atropellada, ansiosa. Amy no quiso oírlo. Necesitaba sentir cómo era el tacto de su piel y cómo se sentía tocarla. Sus yemas por fin acariciaron la zona que no estaba cubierta por el top crudo que llevaba y se recrearon en ella. No tardó mucho en introducir los dedos bajo la tela y acariciar sus pezones rosados, que estaban del todo erectos. En aquel momento solo podía pensar en cómo complacer a su novia, sin importar dónde estaban y a pesar de que sus manos eran inexpertas y sus movimientos torpes.

Por ello, se dejó guiar por su cuerpo y por el de Carla, que se contoneaba sobre la hierba con cada nueva caricia. Rompió el beso con desgana tan solo para mirar los ojos de la joven y encontrar en ellos la respuesta que buscaba: En otras circunstancias le habría pedido que lo verbalizara, pero estaba tan excitada por la situación que se conformó con aquella mirada oscurecida y alentadora.

Comenzó a besar su cuello, bajando por él hasta terminar en su pecho. Mordió uno de sus pechos al notar la humedad de su novia y, por un momento, se sintió desfallecer al escuchar aquel nuevo sonido a caballo entre un gemido y un gruñido. Carla asintió un par de veces, no podría haber hecho otra cosa. Pero a Amelia no le importó. Subió un momento porque creía haber olvidado el sabor de sus labios y suspiró contra ellos cuando notó cómo la rubia correspondía el beso con impaciencia.

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Las manos de Carla viajaban sin rumbo fijo por el cuerpo de su compañera, hasta que llegaron a su sexo, que también pedía a gritos algo de atención. Entonces, la joven colocó la palma de su mano sobre él de forma imprevista, haciendo presión, lo cual sobresaltó a una Amelia que, con poco cuidado, introdujo uno de sus dedos dentro de Carla. Tuvo que censurar sus gemidos con un beso intenso donde se exploraron con ferocidad. Amelia se movió en el interior de la joven de forma caótica y desorganizada, sin ritmo alguno.

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Nunca le había dado placer a nadie y ahora no dejaba de preguntarse cómo podía haber vivido tanto tiempo sin ello. Entonces, la espalda de su compañera se arqueó por completo y un gemido largo puso punto y aparte a aquel instante. Amelia sintió cómo el interior de su novia abrazaba sus dedos y se contraía.

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Buscó sus labios porque se moría por saber cómo sería el orgasmo en un beso. Lo descubrió al encontrar su lengua: Mantuvo los dedos en el interior de Carla, pero dejó que su cuerpo cayera sobre el de ella. Comenzaba a anochecer. Sus respiraciones se acompasaron durante unos segundos y, todavía dentro de ella, se acercó a su oído y le pidió:.

Por favor. Ya puedes continuar con la segunda parte aquí: Locus amoenus: Relatos eróticos lésbicos. A mí me ha encantado:


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